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CARTA DE IDENTIDAD
Un amplio colectivo católico de
ámbito estatal, con talante crítico y aperturista, inspirado en el Evangelio y en el espíritu
del Vaticano II, ante la compleja situación que están atravesando la sociedad y
la Iglesia -que entendemos como consecuencia de un cambio radical de
civilización, frecuentemente ignorado
por estas instituciones- hemos decidido
coordinarnos para actuar con mayor eficacia y responsabilidad, según las
exigencias y posibilidades de nuestros días. Como seguidores de Jesús de
Nazaret nos proponemos anunciar con alegría la Buena Noticia del Reino,
presente ya como semilla en este mundo y
en la Iglesia, pero abierto a su plenitud en el futuro.
Como punto de partida, nos está
doliendo profundamente la creciente masa de empobrecidos y
dominados que se multiplican en nuestro mundo. Son personas y pueblos que sufren, excluidos del
don de la vida, y sometidos por un sistema
capitalista inhumano y por una sociedad, nuestra sociedad, que se
muestra insensible y sin entrañas ante tanto dolor. Se trata de seres
humanos, hermanos y hermanas nuestros,
por desgracia los más débiles, que son
víctimas de la represión política, del olvido y la exclusión por toda índole de motivos socioeconómicos y
étnicos, de orientación sexual y de género, de religión y de modo de pensar y
de ser. Por motivos similares, muchos miembros de nuestros colectivos llevan
las marcas de dicha exclusión. Desde nuestra
conciencia actual, nos preocupa igualmente
la brutal explotación que está
sufriendo, en nuestros días, la
Tierra, madre de la vida y casa común de la humanidad. También ella
está siendo víctima de la codicia y la
usura, de la irresponsabilidad y el egoísmo de una humanidad sin conciencia.
En esta situación, nos parece oportuno y urgente volver nuestros
ojos y nuestros oídos a aquella mirada y
escucha que Jesús tuvo para con el mundo de su tiempo y que recupera de
algún modo para la Iglesia la constitución Gaudium et Spes.
Con esta conciencia nos proponemos:
1. Revisar nuestro estilo de vida y
los medios y métodos que utilizamos en las comunidades, movimientos y grupos desde el criterio evangélico de la
“diaconía” o “actitud de servicio al otro”. Con esta actitud, tratamos de
romper la relación vertical con
esa jerarquía que crea desigualdad entre las personas dentro de la
Iglesia, especialmente con la mujer, y promover y apoyar unas relaciones
horizontales que, a través de los ministerios y servicios mutuos y hacia fuera
de la comunidad, favorezcan la igual
dignidad y fraternidad entre las personas.
2. Manifestar con acciones y
compromisos públicos, con gestos y escritos, a través de los medios y de otras redes de
comunicación virtual, este nuevo
paradigma de comunión y de organización,
inspirado en el Evangelio de Jesús y guiados siempre por la búsqueda, el
diálogo, el espíritu crítico y autocrítico y la
convicción de estar defendiendo en todo momento los intereses de los más pobres
y excluidos por la sociedad y por la Iglesia. Con la seguridad también de estar
expresando el sentir profundo de muchas otras personas que apuestan por “otro
mundo posible” y “otra forma de ser y de
hacer Iglesia”.
3. Organizar
encuentros, foros, convivencias, para
compartir información, formación y experiencias entre grupos y personas que se
sientan identificadas o próximas a esta Carta de Identidad.
4. Establecer una relación estrecha con otras
redes nacionales e internacionales y
movimientos similares de otras religiones.
5. Contribuir desde todas nuestras posibilidades a la transformación radical de la Iglesia y de su presencia en el mundo.
Desde el estilo que rezuma el Evangelio, creemos que nuestra Iglesia necesita una
transformación profunda en todas sus dimensiones: bíblicas y teológicas, éticas
y morales, pastorales y litúrgicas, místicas y organizativas. Siguiendo las
huellas de muchas personas y movimientos cristianos que en el pasado han dado
testimonio de una Iglesia encarnada y servidora del mundo, necesitamos
recobrarla hoy como ámbito de vida y
libertad, de denuncia y de propuesta, de búsqueda y creatividad, de amistad y
alegría. Entre todas y todos vamos intentar sorprender al mundo con la Buena
Noticia de que la Iglesia ya se está poniendo en actitud de ser “la sal de la tierra y la luz del mundo”, que quiere el Evangelio.