Coordinación esperada
Pensamos
que una imagen más cohesionada de nosotros mismos, de lo que somos y
pretendemos -sin que nadie tenga que renunciar a su “propia identidad”-, podría
ayudarnos a profundizar mejor en nuestro ser y vivir en cristiano y a debilitar
la “triste figura” de la Iglesia de nuestros días. A todos nos ayudaría, se
pensaba, a “recuperar la esperanza”.
En
la reunión nos fuimos animando a coordinarnos para mostrar que
otra forma de Iglesia posible ya está siendo realidad, con otra
presencia pública, otro rostro y otra voz. Nos planteamos que para llevar a cabo
esta coordinación no se necesitaría crear un nuevo grupo ni una pesada
burocracia, sino simplemente arbitrar un instrumento práctico, ágil y
eficaz.
Pensamos
entre todas y todos en un sujeto amplio con talante renovador y
aperturista. Un sujeto que abarque desde los colectivos que ya están
funcionando en cada región (grupos, movimientos, comunidades, asociaciones,
coordinadoras, etc.) y aquellos que, bien informados, podrían sumarse a la iniciativa
(parroquias y grupos parroquiales, grupos de jóvenes, asociaciones seglares
vinculadas a congregaciones religiosas), hasta esa mayoría silenciosa
(individual, sin filiación alguna) que espera, busca y desea una Iglesia
verdaderamente fraterna.
Llegados
aquí, vimos la necesidad de finalizar la reflexión y dejar el estudio
sobre otros posibles aspectos de la coordinación para reuniones sucesivas. Antes
de finalizar el encuentro nos pareció necesario ponernos la tarea de informar de
esta reunión e invitar a formar parte de la coordinación a los grupos,
colectivos, comunidades, movimientos, asociaciones, instituciones… que se
sientan llamados a participar. Esta es la pretensión del texto que hoy
publicamos en Eclesalia, fruto de aquella
reunión.
Por nuestra parte… seguiremos informando.
INVITACIÓN
A LA COORDINACIÓN
CRISTIANOS DESDE LA
BASE
ESPAÑA
ECLESALIA,
14/09/05.- Estimados/as amigos/as: A nadie se le
escapa la resistencia que las
instituciones habitualmente levantan ante la ineludible ley del cambio.
Resistencia que frecuentemente suele provocar profundas crisis e interminables
conflictos que sólo el diálogo, la tolerancia mutua y el consenso asumido y
compartido logran superar.
Viene muy a cuento esta reflexión
porque ante la profunda crisis que está
atravesando la religión en nuestro contexto occidental y particularmente las
crisis de significación de la fe cristiana y de credibilidad de las Iglesias,
todas y todos los creyentes cristianos estamos llamados a dar alguna
respuesta.
Frecuentemente nos sentimos desafectados por las respuestas
que, en este campo, está dando un sector de la iglesia católica, no sólo la
jerarquía. No nos sentimos identificados con la lectura que frecuentemente
hace de los acontecimientos, ni con las propuestas que ofrece para superar los
nuevos desafíos. Percibimos una lectura mayoritariamente parcial y deformada de
la realidad, casi siempre negativa, y unas ofertas de fe y de prácticas éticas
anacrónicas y fuera del alcance cultural que estamos viviendo. Nos viene a la
memoria, en estas ocasiones, la sabia y evangélica invitación del papa bueno,
Juan XXIII, de estar siempre abiertos a la realidad y dispuestos a analizar en
profundidad los “nuevos signos de los tiempos”. Porque, a pesar de sus
apariencias, son siempre portadores de alguna Buena Noticia.
Siguiendo este viejo consejo, un amplio grupo de cristianos y de
cristianas católicos, con talante renovador y en el espíritu del Vaticano
II, nos estamos coordinando para
poner en común otras visiones de la realidad, para ayudarnos mutuamente a
responder desde la fe a sus nuevos desafíos y para ofrecer a la sociedad y a la
misma Iglesia otra voz que complemente la presencia cristiana en el ámbito
público. No podemos, como cristianos y cristianas, estar siendo siempre profetas
de la desgracia, oponiéndonos por principio a todo lo que, siguiendo la
inexorable ley del cambio, se mueve o se renueva. Sin renunciar para nada a la
denuncia profética, la oferta cristiana no sería tal si llegáramos a descuidar
algún día su papel de mensajera de las buenas noticias. Jesús de Nazaret mismo, cuya denuncia
profética es incuestionable, no dejaba de extasiarse ante la presencia y gracia
del Abba en lo más ordinario de la
vida, en los lirios del campo, en los niños, en los pobres… Para esta
coordinación que os proponemos, nosotros no tenemos más programa que el
Evangelio. No tenemos derecho a ofreceros ningún otro programa que debáis
aceptar. Lo que hagamos tendrá que ser fruto de la participación y consenso de
todos y de todas. De momento, hemos creído que, para empezar, a lo mejor puede
ayudarnos a reflexionar juntos un esquema como el
siguiente:
1. Necesidad y oportunidad de la
coordinación entre los cristianos seguidores del espíritu del Vaticano II.
2. ¿Qué debería pretender dicha
coordinación?
3. ¿Cuál debería ser el sujeto a
coordinarse? Criterios.
4. ¿Cómo queremos que sea? Hacia
dónde orientarnos? ¿Con qué mediaciones?
5. Proceso a seguir y agenda: Fechas, tareas, etc.