| El XXII Congreso de
Teología por Juan G. Bedoya en El País El País, 5 de septiembre de 2002 "LOS CONCILIOS SÓLO SON PELIGROSOS PARA LOS PRELADOS DE LA CURIA ROMANA" Samuel Ruiz, Obispo emérito de Chiapas (México) JUAN G. BEDOYA MADRID. Chiapas incita a hablar del conflicto zapatista o de Bartolomé de Las Casas, el fiero defensor de los indígenas en la España de la conquista. Pero Chiapas es también el lugar donde, durante 40 años, ha desempeñado su tarea uno de los obispos más legendarios del planeta cristiano, cuya opción por los pobres le ha costado atentados (contra él y su hermana) y disgustos sin cuento. Se llama Samuel Ruiz y está en Madrid para hablar al XXII Congreso de Teología que comienza esta tarde, convocado por la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Los padres de Samuel Ruiz, Maclovio y Lupe, se conocieron en Estados Unidos, a donde llegaron desde México como espaldas mojadas, es decir como emigrantes ilegales. Regresaron apenas casarse y el primero de sus cinco hijos, Samuel, se hizo cura, estudió en la Pontificia Gregoriana de Roma y a los 35 años era ya el más joven obispo de su país. Se ha jubilado en su diócesis de San Cristóbal de las Casas, (Chiapas), donde ejerció el mismo cargo que Bartolomé de Las Casas 500 años antes. Pregunta. En Europa los obispos suelen tener los sesenta años cuando acceden a esa jerarquía. Ya no hay obispos de 35 años. Respuesta. Ese defecto de la juventud se me quitó cada día que fue pasando. P. Me refiero a que la Iglesia es ahora una gerontocracia. R. Allá, en América, no. Allá hay gente joven, sangre nueva. P. ¿Por eso se trata de la iglesia más comprometida con los pobres y, también, la más conflictiva para los poderosos?. R.Todo aquel que opta por el mundo de la pobreza entra en conflicto. Pero la Iglesia tiene que optar. Hay riqueza porque hay pobreza, y hay pobreza porque hay riqueza. La única pregunta que se nos va a hacer al fin de los tiempos es cómo tratamos al pobre. Tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber. Por eso, América Latina tiene sus mártires y sus santos. Primero cayeron los seglares; después, otras personas, organismos y demás. También entre la jerarquía que asume esta opción hay mártires, que no son, como antes, mártires de la fe, sino mártires de la justicia. Hoy se muere por optar por los pobres. Y ésa es la opción que tenemos que asumir todos los cristianos. P. Esto nos lleva a hablar de la Teología de la Liberación. R. No, no. Esto nos lleva a hablar de amor, de justicia. En Europa están equivocados con la teología de la liberación; creen que es marxista y esas cosas. No. La teología es lo último, primero hay que responder ante la realidad. Le pondré un ejemplo. Salgo a la puerta y encuentro a un hombre prepotente que está dando patadas a un niño y lo va a matar. ¿Qué tengo que hacer? ¿Me pongo a pensar con qué tipo de teología debo hablar a ese hombre para que sea eficaz mi palabra? Cuando yo termine de hacerle esa reflexión, ya lo mató. Antes de cualquier reflexión, tengo que hacer una opción: interponerme, decirle que está matando al niño. Lo que no puedo hacer es sentirme ajeno y decir 'a mí qué me importa que lo mate'. Como ser humano y como cristiano no puedo pasar de largo ante la persona malherida de la parábola del Buen Samaritano, como el sacerdote y el levita, a quienes importa más el templo que atender al hombre tirado en el camino por miedo a contaminarse con lo impuro. La reflexión es un paso subsiguiente. Lo primero es la opción. La teología es el resultado, no el inicio, de nuestro trabajo. P. Usted participó en el Concilio Vaticano II y ha dicho que fue un concilio europeo, que no fue el concilio de los pobres. R. No exactamente. Las dos preocupaciones fundamentales del concilio fueron el diálogo con el ateísmo y la unidad de la Iglesia, el ecumenismo. Pero unos días antes de la inauguración, Juan XXIII introdujo una tercera línea: los pobres. La Iglesia es, y debe ser, Iglesia de todos, pero, para los países subdesarrollados, es Iglesia de los pobres. Pero no fue esa la línea seguida. La reflexión sobre la opción por los pobres no estaba madura. En Europa entonces apenas había pobres. R. ¿Cómo vivió el concilio? ¿Se enteró del conflicto que hubo entre prelados progresistas y prelados conservadores? R. Fui testigo, pero no fui consciente. El peso de aquella experiencia fue tan extraordinaria, los documentos eran tan reveladores y deslumbrantes, que no comprendimos el mar de fondo. Nos llamaban la iglesia del silencio, de la Conferencia Episcopal Mexicana no habló nadie. Pero no estábamos ausentes; estábamos admirados y pasmados. P. El cardenal Tarancón ha contado algo parecido en sus memorias. Dijo que se sintió conservador, que no percibió entonces lo que se estaba cociendo allí. R. Quién no era conservador entonces. Ser conservador era ser observador. Pero, sí, las tendencias que allí se veían, los documentos que llegaban a nosotros, eran reveladores y nos cogieron desprevenidos. Y hubo luchas fuertes en algunos documentos, eso sí que lo vivimos. P. Por ejemplo, el documento sobre la libertad de conciencia. R. No, no tanto en ese tema. Eso afectaba sobre todo a los obispos españoles. P. ¿Lo notaron entonces?. R. Recuerdo que se distribuyeron documentos en los que se denunciaba que en España había curas en las cárceles por hablar vasco y catalán, pero pensamos que era una calumnia. No sabíamos nada, ya sabe. Franco era una especie de libertador ante el comunismo. Pero supimos que algunos obispos habían suspendido su estancia en Roma para venir a España. P. ¿A recibir instrucciones de Franco? R. ¿Se decía eso? No sé, a nosotros algunos de la curia nos quisieron amaestrar, pero no sé qué decirle sobre los españoles. P. Lo ha contado el arzobispo emérito de Pamplona, Cirarda. R. Lo único que vimos es que algunos prelados pidieron ausentarse para regresar a España. [La entrevista se celebra en el el convento de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, en el barrio de Carabanchel Alto. Están presentes el secretario general de la Asociación Juan XXIII, el teólogo Juan José Tamayo, y la religiosa Mercedes García. Ésta relata cómo algunos de esos obispos se reunieron en ese convento con el teólogo González Ruiz para analizar lo que estaba pasando en el Concilio. Y cuenta al obispo que fue Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid, quien hacía de interlocutor ante Franco y organizaba las reacciones que, a voluntad del dictador, debían expresar los prelados de su confianza en el concilio]. P. Usted ha firmado la petición de un nuevo concilio, junto a medio centenar de prelados y miles de católicos. R. No niego esa firma, pero la relativizo en el sentido de que la iluminación que supuso el Vaticano II no se ha agotado. Pero ha habido una sobrecarga de magisterio pontificio que provoca que algunos documentos hayan perdido impacto. Por eso queríamos llamar la atención sobre la necesidad de nuevas reflexiones. Es la misma reflexión que hizo el cardenal Martini hace dos años. P. El cardenal de Milán fue criticado por eso con una impiedad asombrosa. R. También hubo muchos que le defendieron. Muchos. P. Parece como si la jerarquía católica temiera a los concilios. Como si fueran peligrosos. R. Sólo son peligrosos para la Curia. Cuando murió en pleno concilio el gran Juan XXIII yo escuché a un monseñor de la Curia rezar por él. 'Que Dios le perdone el daño que ha hecho a la Iglesia con este concilio', rezaba. ------------------------------------------------------------------------- -------------------- El País, 6 de septiembre de 2002 MIL TEÓLOGOS DEBATEN EN MADRID SOBRE GLOBALIZACIÓN Y LUCHA DE CLASES El ateo Vázquez Montalbán abre el congreso de la Asociación Juan XXIII JUAN G. BEDOYA MADRID. '¿Qué hace un ateo como yo en un congreso de teólogos?'. Manuel Vázquez Montalbán se hacía anoche esta pregunta retórica poco antes de pronunciar la primera ponencia del XXII Congreso de Teología que se celebra en Madrid, organizado por la Asociación Juan XXIII. El tema a debate será Cristianismo y globalización, palabra esta última que concita, según Vázquez Montalbán, a la lucha de clases en este inquietante siglo XXI. Unos mil teólogos llenaron el salón de actos de Comisiones Obreras donde la Asociación Juan XXIII celebra sus congresos desde que la jerarquía de la Iglesia católica quiso prohibirlos. Los debates se prolongarán hasta el domingo con mayoría de mujeres entre los asistentes y ponentes, muchas de ellas religiosas y otras tantas dedicadas a la enseñanza de la religión católica en la escuela pública. En los pasillos, además del bullicio habitual de organizaciones vendiendo libros y otros materiales religiosos, se respiraba anoche un ambiente de regocijo y fraternidad porque, como había subrayado Enrique Miret Magdalena en el discurso inaugural, están ya 'sorprendentemente en la veintidós edición y hemos superado los avatares negativos que han venido de todos los frentes, pero muy especialmente de los que debían estar interesados en su celebración, que son los pastores de la Iglesia española'. Libertad contra justicia Miret, teólogo seglar, es el presidente de la Asociación Juan XXIII y, superados con creces los 80 años de edad, se declaró ayer un 'creyente inquieto y sorprendido' por algunos comportamientos y documentos oficiales de la jerarquía del catolicismo, aludiendo, entre otros, al 'comportamiento de algunos obispos con los profesores de religión'. 'Muchos son los que hartos de la incomprensión y la postura egocéntrica de la jerarquía, sólo preocupada de conservar su hegemonía, se han apartado de nuestra Iglesia', añadió Miret. Sobre la globalización, 'que vivimos sin norte positivo para los demás', proclamó que 'es mala y hay que combatirla'. 'La libertad no puede ir contra la justicia. ¡Viva la libertad y la justicia, y nunca la una sin la otra!', exclamó después de reclamar una globalización alternativa que favorezca a los más débiles, por ejemplo con la tasa Tobin, la renta básica de ciudadanía y la lucha contra todo tipo de corrupción. El escritor Vázquez Montalbán, marxista impenitente y sin disimulo, se encontró a gusto entre los teólogos del congreso, a los que abundó en la tesis antiglobalización con una ponencia, la inaugural del congreso, en la que relacionaba el conflicto 'entre globalizadores y globalizados' con la lucha de clases. 'Si en la etapa de la esclavitud, los dos sujetos contrapuestos fueron amo y esclavo, posteriormente sustituidos por señor feudal y burgués, y a continuación por el burgués y el proletario, el desarrollo del capitalismo durante el siglo XX ha conducido a la emergencia del conflicto entre globalizadores y globalizados', explicó. La ironía de Vázquez Montalbán -'¿Qué hace un ateo como yo en un congreso de teólogos?'-, reída con ganas por los asistentes, fue satisfecha con creces por el orador, que alabó la conciencia crítica y el papel importante de muchos cristianos para plantar cara a los explotadores en favor de los pobres, frente a una izquierda política, dijo, 'que fue a Porto Alegre a buscar ideas porque está agotada'. La relación de Vázquez Montalbán con los cristianos, en todo caso, viene de lejos, de los años cincuenta. Como luchador clandestino contra la dictadura franquista coincidió con creyentes cristianos como Alfonso Carlos Comín y el cura Jesús Aguirre, futuro duque de Alba consorte, y con Nicolás Sartorius, entre otros, integrantes del Frente de Liberación Popular (Felipe) o de Cristianos por el Socialismo. La voz crítica del autor de Crónica sentimental de España vuelve a coincidir ahora con esa orilla del catolicismo, y puso ayer sobre la mesa un concepto escondido, pero no agotado: la lucha de clases. 'Ya no se utiliza la fórmula, pero está ahí, mientras existan los que acumulan la riqueza, por el solo afán de acumular, y los que están sumergidos, los perdedores sociales', dijo. 'El gran inquisidor' La cultura economicista y globalizadora 'extirpa el lenguaje, lo escamotea' -como cuando los barrenderos pasaron a llamarse, en la dictadura, trabajadores de la limpieza, y así quedaron-, pero Vázquez Montalbán señaló ayer por su nombre dónde se esconde la nueva trinidad de la globalización: El gran hermano. El gran consumidor. El gran inquisidor. 'Lo que está diferenciado es el estuche, pero el contenido es el mismo: es el pensamiento único, lo políticamente correcto', afirmó. En este 'desorden disfrazado de nuevo orden internacional que se ha heredado de la guerra fría', Vázquez Montalbán recupera el término de la 'lucha de clases', que nada tiene que ver, como piensan algunos políticos, con la lucha de frases. Sobre su vigencia, Vázquez Montalbán ironizó, ante el congreso de los teólogos de la Asociación Juan XXIII, con el uso de la memoria. 'La lucha de clases fue suspendida por decreto ley por el general Primo de Rivera, junto a las corridas de toros. Ya no se utiliza la formulación, pero está ahí: por un lado los que acumulan, y enfrente los perdedores sociales', señaló. ------------------------------------------------------------------------- -------------------- El País, 7 de septiembre de 2002 SOMOS IGLESIA TEME QUE EL PRÓXIMO PAPA EXTREME EL INTEGRISMO ACTUAL El congreso de teólogos debate sobre la conveniencia de otro concilio JUAN G. BEDOYA MADRID. Se buscan firmas para pedir un nuevo concilio. El congreso de teólogos convocado por la Asociación Juan XXIII escuchó ayer los argumentos de Javier Malagón y Emilia Robles, portavoces de Somos Iglesia, promotora de la iniciativa. 'Tal vez sea peor el remedio que la enfermedad' en las actuales circunstancias, dijeron, así que con esa convocatoria pretenden de momento abrir el debate sobre las reformas que necesita la Iglesia. Decenas de miles de católicos y 35 obispos, la mayoría latinoamericanos, han firmado ya la petición al Papa para que convoque un nuevo concilio, pero ayer los principales promotores de esa iniciativa, la corriente Somos Iglesia, matizaron sus primeros impulsos. Van a seguir con la recogida de firmas, pero ya no están tan entusiasmados con la urgencia del concilio, dada la composición actual del episcopado, unos 4000 prelados en todo el mundo, en su inmensa mayoría elegidos por Juan Pablo II y la actual curia romana. Ante los teólogos y teólogas reunidos en Madrid este fin de semana Javier Malagón y Emilia Robles expresaron sus recelos por el súbito aumento de referencias al Concilio Vaticano II en boca de prelados conservadores que hasta ahora han frenado su desarrollo y recelaron siempre de la revolucionaria asamblea episcopal convocada por sorpresa en 1962 por Juan XXIII. La impresión es que con esas apelaciones a lo que queda por hacer de lo acordado entonces en Roma intentan desactivar o minimizar la campaña de las iglesias de base reclamando una nueva asamblea de obispos. 'Otra Iglesia es posible' Somos Iglesia seguirá adelante con su recogida de firmas, pero se centra estos días en asegurar el éxito del encuentro internacional, que con el lema Otra Iglesia es posible, ha convocado para los próximos días 19 a 22 en la sede de la Universidad Carlos III de Leganés (Madrid). 'Hacia un proceso conciliar con la participación activa del pueblo de Dios', reza el cartel del congreso, que reunirá esos días a católicos latinoamericanos y de Estados Unidos, Europa y Asia. Los obispos españoles, mediante un comunicado de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española, expresaron en julio pasado una severa condena de Somos Iglesia y su disgusto por la abundante publicidad que estaba recibiendo esta iniciativa en los medios de comunicación. ¿Qué pretende Somos Iglesia con todas sus propuestas? Diálogo y debate 'sobre lo que hay que hacer y sobre los cambios internos que necesita nuestra Iglesia', explicaron ayer los dos coordinadores de la corriente en España ante un auditorio compuesto por teólogos, profesores de religión y religiosos y religiosas, en su mayoría afines a esas tesis. Por ejemplo, hablar del sacerdocio de la mujer, de los derechos humanos, del celibato opcional, de la democratización de la Iglesia, de un mayor compromiso de la jerarquía con los pobres y excluidos resistiendo más los intentos de legitimar la injusticia. En definitiva, reclaman 'arrinconar el autoritarismo' de algunos jerarcas y hablar claro, porque, en palabras de Malagón, 'ocultar los problemas barriéndolos bajo las alfombras ha sido una pésima solución', en referencia a recientes escándalos por abusos sexuales que implican a prelados. ------------------------------------------------------------------------- -------------------- El País, 8 de septiembre de 2002 LOS TEÓLOGOS RECLAMAN A LA IGLESIA QUE PRACTIQUE LA ÉTICA DE LA CONFLICTIVIDAD "Jesús siempre asumió y provocó el conflicto" dice Juan José Tamayo JUAN G. BEDOYA MADRID. Frente a la globalización de la injusticia y el egoísmo, el congreso de teólogos convocado esta semana en Madrid por la Asociación Juan XXIII escuchó una invitación al conflicto. '¡Rebélate! El imperativo ético es: ¡no te adaptes a la situación, no rehúyas la conflictividad, que es fuente de transformación social!', dijo el teólogo Juan José Tamayo tras recordar que Jesucristo no huyó jamás del conflicto y la verdad. 'La conflictividad es inherente a la ética de Jesús. Su vida no se desarrolla en un clima reconciliado, sino en una sociedad plural y conflictiva. Jesús no huye del conflicto como de la quema. Lo asume y, a veces, lo provoca. El conflicto tiene lugar en varios escenarios: ante las autoridades religiosas judías; con el poder político y con el poder económico, con la teología y la religión oficiales; con la sociedad patriarcal e incluso con Dios, a quien pregunta por qué le ha abandonado', dijo Tamayo, secretario general de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, cuyo congreso anual se clausura hoy con una ponencia del legendario obispo emérito de Chiapas, Samuel Ruiz, sobre América: cristianismo y globalización de la solidaridad. Las jornadas de debate, desarrolladas en el salón de actos del sindicato Comisiones Obreras, fueron seguidas ayer por 1.025 personas, en su mayoría mujeres, dedicadas a la enseñanza del catolicismo o religiosas de distintas órdenes y congregaciones, que escucharon con el corazón encogido el desolador panorama que dibujó, a primera hora, un teólogo de raza negra llegado de Katanga (Congo). Se llama Jean Paul Ilunga y clamó: 'Nos estáis matando'. Después dibujó el escenario de la explotación y el desamparo a que está sometido su continente. 'Aquí estoy. Soy un excluido. No me da vergüenza. Me identifico con esta historia triste y dura', dijo el sacerdote Ilunga. Entre sus execraciones trajo a la mesa de debate al filósofo Hegel -el de la idea de que el negro no tiene alma-, e incluso a Patricio Lumumba, una de tantas 'víctimas del imperialismo contra los elegidos del pueblo'. Dios y el dinero El cristianismo en África pone muchas veces a Jesús al servicio del capital, se lamentó Ilunga, con una idea que iba a permitir al teólogo blanco Tamayo -Ilunga había subrayado esa costumbre occidental de calificar como negro a un ser humano, pero nunca como blanco cuando se trata de blancos- desarrollar su tesis sobre la 'incompatibilidad entre Dios y el dinero'. Sostuvo Tamayo: 'En el cristianismo la incompatibilidad entre Dios y el dinero se formula de manera radical y no admite excepciones: 'Nadie puede servir a dos señores, porque se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero'. La incompatibilidad no se queda en el terreno de los principios, sino que se concreta en el estilo de vida pobre, desprendido, itinerante, desinstalado, sin residencia fija y sin posesiones, de Jesús y del grupo que le acompaña'. Para bajar al terreno de los hechos, ante una Iglesia poderosa y rica si se mira a la jerarquía con sus ecónomos y, sobre todo, al Vaticano, Tamayo recurrió al escritor católico francés George Bernanos, autor del soberbio Diario de un cura rural. 'Los cristianos', dijo Bernanos, 'somos capaces de instalarnos incluso bajo la cruz de Cristo'. ---------------------------------------------------------------------------- El País, 8 de septiembre de 2002 MISA MAYOR EN COMISIONES OBRERAS JUAN G. BEDOYA MADRID. Mentiras y manipulaciones. 'Decir que la política económica es neutral es mentira', proclamó ayer Paloma De Villota, profesora de economía en la Complutense de Madrid. Su discurso ilustró sobre el malestar que causa la globalización como 'modelo de desarrollo sin rostro humano'. La manipulación, en cambio, es ya histórica. Se refiere a Carlos Marx y su famosa frase, sacada de contexto, sobre la religión como 'el opio del pueblo'. Lo que en realidad dijo Marx fue esto: 'La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real, y, por la otra, la protesta contra esa miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida; el corazón de un mundo sin corazón; el espíritu de una situación contra el espíritu. Es el opio del pueblo'. Esta última frase viene subrayada en el texto del joven Marx (tenía 26 años cuando refuta así a Hegel) porque no era suya, sino lo que flotaba en el ambiente. En realidad, Marx estaba piropendo al cristianismo de rostro humano, dijo ayer el teólogo Tamayo. El congreso se cierra este mediodía con una misa concelebrada en el salón de actos de Comisiones Obreras. |